Una visión que va más allá de la parcela cultivada

En interés de todos los actores de un territorio, la fertilidad de un suelo cultivado no puede depender únicamente de lo que ocurre en un campo. También resulta de los vínculos entre agricultores, colectividades, empresas, asociaciones y ciudadanos, y de la capacidad de cada uno de movilizar sus recursos y competencias.

Cuando estos actores cooperan, la materia orgánica circula mejor, los saberes se transmiten, las inversiones se comparten y las soluciones ganan en eficacia.

La robustez, noción que describe originalmente la capacidad de un individuo de no desestabilizarse ante un choque, se aplica igualmente a un proceso colectivo. Se construye progresivamente, mediante prácticas complementarias: preservar los suelos, valorizar los recursos orgánicos locales, mantener la vida biológica, favorecer las cooperaciones y transmitir los saberes.

Gracias a su capacidad para sincronizar mejor los flujos de materia orgánica de un territorio con los ritmos de fertilización de los suelos, los bio-insumos —entre ellos el compost y el bocashi aeróbico— encuentran naturalmente su lugar en este enfoque.

No pretenden responder a todos los retos de la fertilidad. En cambio, aportan una respuesta concreta a una pregunta esencial: ¿cómo transformar, con mayor inmediatez, más recursos orgánicos locales en enmiendas biológicamente activas, al servicio de los suelos, las explotaciones y los territorios?

Una elección de vocabulario, pero sobre todo un proyecto

Hablar de territorios robustos es recordar que la fertilidad es una construcción colectiva al servicio de todos.

La robustez no se decreta. Se construye, temporada tras temporada, gracias a prácticas coherentes, a cooperaciones duraderas y a una mejor valorización de los recursos de los que ya dispone cada persona y cada territorio.

Robustez económica

Sea cual sea su papel en este territorio

Colectividad

Agricultor / explotación

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Tratamiento de residuos

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