Observar antes de actuar
Amanece.
Antes del primer gesto,
basta con mirar.
Elija siempre el mismo lugar dentro de una parcela. Vuelva a él en cada temporada. Fotografíelo. Tome algunas notas. No busque primero medir el rendimiento. Busque entender lo que cambia.
Con los años, este simple punto de observación se convertirá en un testigo formidable de la vida de su suelo.
La observación, primera herramienta de lo vivo
Ante un problema, nuestro primer reflejo suele ser buscar una solución.
Sin embargo, en el mundo de lo vivo, una etapa precede siempre a la acción: la observación. Observar no consiste simplemente en mirar. Es aprender a reconocer las señales que un suelo, una planta o un paisaje nos ofrecen. Es tomarse el tiempo de comprender antes de decidir.
Este proceso requiere poco material. Exige, sobre todo, disponibilidad, curiosidad y cierta humildad. Antes de intervenir, el territorio ya cuenta parte de su historia.
El terreno habla
Cada parcela tiene su propia personalidad. Algunas drenan rápidamente tras la lluvia. Otras permanecen húmedas varios días. Algunas presentan una actividad biológica visible. Otras parecen más silenciosas.
Estas diferencias no son anomalías. Son el resultado de una historia: la del clima, las prácticas agrícolas, la geología, la vegetación, las obras y los usos sucesivos.
Observar es empezar a leer esa historia.
Ver con todos los sentidos
La observación no pasa únicamente por los análisis. También moviliza los sentidos:
- el color de un suelo,
- su olor después de la lluvia,
- su textura entre los dedos,
- la facilidad con la que una laya penetra,
- el canto de los pájaros,
- la presencia de insectos,
- el desarrollo espontáneo de ciertas plantas.
Todos estos elementos aportan información valiosa. No sustituyen a las mediciones científicas. Las complementan.
Los indicadores del día a día
No es necesario disponer de un laboratorio para seguir la evolución de un suelo. Observaciones sencillas, realizadas con regularidad, ya permiten percibir numerosas evoluciones. Por ejemplo:
- la velocidad de infiltración del agua,
- la presencia de lombrices de tierra,
- la estabilidad de los agregados,
- la profundidad de enraizamiento,
- la evolución de los residuos vegetales,
- la diversidad de plantas espontáneas,
- la actividad visible de la fauna del suelo.
Estos indicadores cobran todo su sentido cuando se comparan en el tiempo. Observar una sola vez informa poco. Observar cada año construye una verdadera memoria del territorio.
Asociar observación y conocimiento
Observar no significa renunciar al conocimiento científico.
Al contrario. La observación suele permitir formular preguntas. La ciencia ayuda después a comprenderlas. Los análisis de suelo, las mediciones biológicas, los ensayos agronómicos o el seguimiento climático enriquecen la mirada del profesional.
La experiencia de campo y el conocimiento científico no se oponen. Se complementan. Es en ese diálogo donde nacen las decisiones más pertinentes.
Tomarse el tiempo
Nuestra época valora la rapidez. Lo vivo funciona con otros ritmos. Los efectos de una práctica agrícola pueden tardar varios años en aparecer. Un seto plantado hoy rendirá plenamente sus servicios dentro de varias décadas.
Una mejora de la materia orgánica se construye progresivamente. Observar exige, por tanto, inscribirse en el tiempo largo. Esta paciencia no es una limitación. Es una condición de comprensión.
Observar juntos
La observación no es únicamente un proceso individual. Los intercambios entre agricultores, técnicos, investigadores, colectividades y habitantes enriquecen los puntos de vista. Cada uno percibe detalles que los demás no habían visto.
Un paseo comentado, una visita a una finca, una faena participativa o un grupo de intercambio técnico se convierten entonces en verdaderas herramientas de aprendizaje. Un territorio aprende más rápido cuando observa colectivamente.
Una cultura de la atención
Observar es, en definitiva, desarrollar una cualidad que se ha vuelto rara: la atención. Prestar atención a lo que evoluciona lentamente:
- a lo discreto,
- a lo que parece ordinario,
- los grandes cambios suelen empezar con pequeños indicios,
- un suelo que se desmenuza de otra forma,
- un agua que se infiltra más rápido,
- una biodiversidad que regresa,
- una materia orgánica que evoluciona.
Estas señales anuncian a veces transformaciones profundas. Aún hay que saber verlas. ¡Y para verlas, hay que mirarlas!
Para saber más
Libros
- Konrad Lorenz — Al otro lado del espejo (sobre la observación de lo vivo).
- Dominique Soltner — Las bases de la producción vegetal.
- Claude y Lydia Bourguignon — El suelo, la tierra y los campos.
- Olivier de Schutter — trabajos sobre los sistemas alimentarios y la agroecología.
Organismos
- INRAE
- Red Compost Ciudadano
- Cámaras de agricultura
- Oficina francesa de la biodiversidad (OFB)
