¿Por qué evocar la fertilidad de los suelos?

Un campo descansa.
Nada parece cambiar.
Lo vivo, sin embargo, continúa.

Deténgase al borde de una parcela. Sin tomar muestras, sin sacar herramientas, tómese unos minutos para observar.

  • ¿El agua se infiltra o escurre?
  • ¿La superficie está desnuda o protegida?
  • ¿Los residuos vegetales desaparecen progresivamente o permanecen intactos?
  • ¿Ve lombrices de tierra, pájaros, insectos, plantas espontáneas?

La fertilidad no se reduce a un análisis de suelo. También se expresa en multitud de señales discretas que el terreno revela a quien se toma el tiempo de observarlas.

Una preocupación antigua convertida en un reto de futuro

La fertilidad de los suelos no es un tema nuevo. Desde que las primeras sociedades agrícolas se establecieron, han buscado mantener la capacidad de sus tierras para producir.

Durante mucho tiempo, esta fertilidad se apoyó principalmente en equilibrios naturales: las rotaciones de cultivos, las praderas, los aportes de estiércol, el retorno de los residuos vegetales o los periodos de descanso de las tierras. Cada generación adaptaba sus prácticas a su territorio y a los recursos de los que disponía.

Con el tiempo, la agricultura ha evolucionado profundamente. Los avances técnicos han permitido aumentar los rendimientos, mecanizar los trabajos y responder mejor a las necesidades alimentarias. Al mismo tiempo, los sistemas de producción se especializaron y los flujos de materia orgánica se fueron desequilibrando progresivamente.

Hoy, una parte de los territorios produce excedentes de materia orgánica mientras que otros carecen de ella. Algunas explotaciones disponen de recursos importantes, mientras que otras deben importar enmiendas. Esta situación invita a repensar cómo organizamos los ciclos de la materia.

El suelo, un patrimonio vivo

Bajo nuestros pies se encuentra uno de los ecosistemas más ricos del planeta. Un simple puñado de tierra alberga miles de millones de microorganismos pertenecientes a miles de especies diferentes. Bacterias, hongos, protozoos, microalgas, nematodos o lombrices de tierra participan en una actividad permanente, invisible pero esencial.

Juntos, cumplen numerosas funciones:

  • transformar la materia orgánica,
  • reciclar los elementos nutritivos,
  • participar en la formación del humus,
  • mejorar la estructura del suelo,
  • favorecer la infiltración y la retención del agua,
  • crear interacciones con las raíces de las plantas.

Esta vida subterránea constituye el verdadero motor de la fertilidad. Cuando esta actividad biológica es dinámica, el suelo se vuelve más resiliente frente a los riesgos climáticos. Por el contrario, cuando se empobrece, los suelos pueden perder progresivamente algunas de sus capacidades.

La materia orgánica, mucho más que un aporte nutritivo

La materia orgánica suele asociarse a su papel fertilizante. Sin embargo, su interés va mucho más allá. Constituye, ante todo, una fuente de energía para los organismos del suelo.

Al descomponerse progresivamente, alimenta a las comunidades biológicas que se encargan después de gran parte de las transformaciones necesarias para el funcionamiento del suelo. No obstante, no toda la materia orgánica presenta las mismas características. Su origen, su composición, su humedad o su estado de degradación influyen fuertemente en su evolución.

El reto no es, por tanto, únicamente aportar materia orgánica, sino favorecer su transformación en buenas condiciones para que pueda contribuir de forma duradera a la fertilidad.

Recursos ya presentes en los territorios

Cada año, los territorios producen volúmenes importantes de materia orgánica:

  • efluentes ganaderos,
  • residuos de cultivos,
  • podas y talas,
  • siegas de césped,
  • biorresiduos alimentarios,
  • subproductos agroalimentarios,
  • coproductos agrícolas.

Estos recursos representan un potencial considerable.

Según el contexto, pueden convertirse en enmiendas, bio-insumos, acolchados, sustratos para metanización o integrarse en otras cadenas de valorización.

El reto no es buscar una solución única, sino elegir las cadenas más adaptadas a las realidades locales.

Un enfoque territorial de la fertilidad

La fertilidad de un suelo depende, naturalmente, de las prácticas aplicadas a escala de la parcela.

Pero depende también de la organización del territorio.

  • ¿Cómo circula la materia orgánica?
  • ¿Puede valorizarse localmente?
  • ¿Trabajan juntos los distintos actores?

Las colectividades, las explotaciones agrícolas, las empresas y las asociaciones suelen disponer de recursos complementarios. Al favorecer los intercambios y las cooperaciones, se vuelve posible construir verdaderos circuitos locales de materia orgánica.

Este enfoque favorece ampliamente el acercamiento entre los lugares donde se generan los recursos, los lugares de transformación y los lugares donde serán útiles.

Hacer evolucionar las prácticas sin oponer los modelos

Los retos actuales invitan a enriquecer las prácticas existentes en lugar de oponerlas. Compostaje, metanización, acolchado, restitución de residuos de cultivo, cubiertas vegetales, ganadería, bio-insumos… cada uno de estos enfoques responde a objetivos diferentes y puede encontrar su lugar según el contexto.

El bocashi aeróbico se inscribe en esta diversidad. Constituye una solución complementaria, destinada a responder a ciertas situaciones en las que la rapidez de transformación, la valorización local de los recursos o las limitaciones logísticas representan criterios importantes.

El objetivo no es sustituir las prácticas existentes, sino ampliar la gama de soluciones disponibles.

Construir suelos capaces de adaptarse

Los suelos evolucionan lentamente. Su fertilidad se construye a lo largo de los años gracias a la acumulación de numerosas prácticas coherentes.

Ninguna solución puede, por sí sola, responder a todos los retos agrícolas y ambientales. En cambio, cada acción que contribuye a preservar la materia orgánica, favorecer la vida del suelo y valorizar mejor los recursos locales ayuda a reforzar la capacidad de los territorios para afrontar los cambios futuros.

Es en esta lógica en la que se inscribe el enfoque del bocashi aeróbico: acompañar a los actores del terreno en la producción de recursos biológicos adaptados a sus necesidades, apoyándose en las dinámicas naturales y en las particularidades de cada territorio.

Para saber más

Libros

  • Dominique Soltner — Las bases de la producción vegetal.
  • Claude y Lydia Bourguignon — El suelo, la tierra y los campos.
  • Marcel Bouché — De lombrices de tierra y hombres.

Organismos

  • INRAE
  • FAO
  • GIS Sol
  • Red Mixta Tecnológica Suelos y Territorios

 

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