La materia orgánica, motor discreto de la fertilidad

Una hoja cae.
Nadie la recoge.
El bosque se encarga de ella.

Elija dos montones de hojas. Uno permaneció húmedo bajo un seto. El otro quedó expuesto al viento y al sol. Obsérvelos unas semanas después. La naturaleza le mostrará que una misma materia puede evolucionar de forma muy distinta según su entorno.

Antes de cualquier técnica, siempre hay condiciones de vida.

La materia orgánica, un recurso antes de ser un residuo

Cuando se habla de materia orgánica, las imágenes que vienen espontáneamente a la mente suelen ser las del estiércol, el compost, las hojas muertas o los residuos de cosecha. Sin embargo, la materia orgánica es mucho más que un conjunto de materiales destinados a eliminarse o valorizarse. Constituye uno de los motores fundamentales del funcionamiento de los ecosistemas terrestres.

En la naturaleza, nada se pierde. Cada hoja, cada rama, cada raíz, cada organismo vivo participa, tarde o temprano, en un ciclo de transformación que alimenta lo vivo. La materia orgánica es el vínculo entre las generaciones de organismos. Transporta energía, carbono, elementos nutritivos y una memoria biológica que contribuye a construir la fertilidad de los suelos.

Comprender este papel es esencial para acompañar mejor las transiciones agrícolas y territoriales.

Una diversidad de materias

No toda la materia orgánica se parece. Algunas están frescas, otras ya parcialmente descompuestas. Algunas son ricas en azúcares o proteínas, otras contienen más celulosa o lignina. Algunas evolucionan en pocos días, mientras que otras necesitan varios años antes de transformarse por completo.

Esta diversidad explica por qué cada materia posee su propio ritmo de evolución. Invita también a superar una visión simplificada que opondría las materias orgánicas «buenas» a las «malas». En un ecosistema, cada una encuentra su lugar.

Una fuente de energía para lo vivo

La materia orgánica representa, ante todo, una fuente de energía. Los microorganismos que pueblan el suelo utilizan esta energía para desarrollarse, reproducirse y transformar progresivamente los distintos componentes que encuentran.

Esta actividad biológica está en el origen de numerosos procesos:

  • la descomposición de los residuos vegetales,
  • la formación de compuestos más estables,
  • el reciclaje de los elementos nutritivos,
  • la producción de sustancias que participan en la estructura del suelo.

Dicho de otro modo, la materia orgánica no actúa sola. Se convierte en el soporte de un diálogo permanente entre los organismos que viven en el suelo.

Un recurso presente en todas partes

Los territorios producen a diario cantidades importantes de materia orgánica. Algunas provienen directamente de las actividades agrícolas:

  • estiércoles,
  • gallinaza,
  • purines,
  • residuos de cultivos,
  • rechazos de cosecha,
  • pajas.

Otras proceden de los espacios verdes:

  • siegas,
  • hojas,
  • podas,
  • materiales triturados.

A ello se suman los biorresiduos domésticos, los subproductos agroalimentarios, los coproductos industriales de origen vegetal y numerosos otros recursos animales directos o de sus subproductos.

Consideradas durante mucho tiempo por separado, estas materias pueden concebirse hoy como los elementos de un mismo ciclo territorial.

De la gestión de residuos a la gestión de recursos

El vocabulario suele reflejar nuestra manera de pensar.

Hablar de «residuos orgánicos» lleva naturalmente a buscar soluciones de eliminación. Hablar de «recursos orgánicos» abre otra perspectiva.

La pregunta ya no es solo: ¿Cómo deshacerse de ellos? Se convierte en: ¿Cómo valorizarlos inteligentemente?

Esta evolución acompaña el desarrollo de la economía circular. Una materia orgánica disponible localmente puede convertirse en una palanca para restaurar suelos, producir enmiendas, desarrollar nuevas cadenas de valor o limitar las importaciones de recursos externos. El cambio es tan cultural como técnico.

El tiempo, un factor a menudo olvidado

Transformar una materia orgánica requiere tiempo. Este tiempo varía según la naturaleza de los materiales, las condiciones climáticas, la humedad, la temperatura, la aireación y la actividad biológica. Algunas transformaciones son muy rápidas. Otras se extienden a lo largo de varios meses, incluso varios años.

El reto con el bocashi aeróbico no es acelerar sistemáticamente estos procesos, sino comprender los ritmos de lo vivo para adaptar las prácticas a los objetivos buscados. El tiempo también constituye un recurso.

Funciones múltiples

La materia orgánica desempeña varios papeles simultáneamente. Alimenta a los organismos del suelo, participa en la formación de los agregados que mejoran la estructura, contribuye a la retención del agua, limita ciertas formas de erosión y participa en el almacenamiento del carbono. Ninguna de estas funciones actúa de forma aislada: se refuerzan mutuamente.

Esta diversidad explica por qué la materia orgánica ocupa hoy un lugar central en las reflexiones sobre las transiciones agrícolas.

Una responsabilidad colectiva

La gestión de la materia orgánica supera ampliamente el marco de la explotación agrícola: las colectividades producen residuos verdes, las empresas generan coproductos, los habitantes separan sus biorresiduos, las industrias agroalimentarias disponen de recursos valorizables, los gestores de espacios naturales mantienen setos, parques y bosques. Estos actores participan, a menudo sin saberlo, en un mismo ciclo de materia.

Crear puentes entre ellos representa uno de los grandes retos de los próximos años. La robustez de un territorio depende también de su capacidad para organizar estos flujos de manera coherente.

Cambiar de mirada

Durante mucho tiempo, la materia orgánica se consideró principalmente desde el ángulo de su eliminación. Hoy, aparece progresivamente como un recurso estratégico.

Este cambio de mirada no se basa únicamente en consideraciones ambientales. Responde también a retos económicos, agrícolas y territoriales. Valorizar localmente lo que ya está disponible suele permitir reforzar la autonomía de los actores, reducir ciertos costes logísticos y crear nuevas cooperaciones. La materia orgánica recupera así su lugar: ya no como una limitación, sino como un patrimonio vivo.

Para recordar

La materia orgánica no es un residuo a la espera de eliminación. Es un recurso vivo, portador de energía, de carbono y de una memoria biológica que alimenta permanentemente el funcionamiento de los suelos.

Cambiar la mirada sobre ella —pasar del «residuo que gestionar» al «recurso que valorizar»— es ya sentar las bases de una agricultura y de territorios más robustos.

Para saber más

Libros

  • Dominique Soltner — Las bases de la producción vegetal.
  • Marcel Bouché — De lombrices de tierra y hombres.
  • Claude y Lydia Bourguignon — El suelo, la tierra y los campos.

Organismos

  • INRAE
  • FAO
  • ADEME
  • Red Compost In Situ

 

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