¿Por qué hablar de tierras más robustas en lugar de tierras resilientes?
Las palabras que utilizamos nunca son neutrales, sino que reflejan una manera de entender el mundo y de actuar.
En los últimos años, el término resiliencia se ha vuelto clave. Se aplica cada vez más a los territorios, la agricultura, las empresas o el cambio climático. Este concepto describe la capacidad de un sistema para absorber un impacto, adaptarse y volver a funcionar satisfactoriamente.
He optado por hablar sobre todo de robustez. Esta elección no es un efecto del lenguaje. Refleja una manera diferente de abordar los desafíos agrícolas.
La resiliencia, recuperar un equilibrio después de una perturbación
No miremos más al pasado, miremos hacia adelante y preparémonos!
En ecología, la resiliencia se refiere a la capacidad de un sistema para seguir funcionando después de un evento perturbador.
Una sequía, una inundación, una crisis económica o un cambio de mercado pueden poner en tensión un territorio. Un sistema resiliente puede adaptarse y seguir funcionando a pesar de estas dificultades.
Esta capacidad de adaptación es esencial, pero a menudo ocurre después del shock.
La robustez, construir bases sólidas
La robustez remite a otra idea. Un sistema robusto está diseñado para limitar su vulnerabilidad incluso antes de que surja una dificultad.
En el ámbito agrícola, esto puede traducirse en suelos ricos en materia orgánica, una actividad biológica diversificada, cultivos adaptados al territorio, recursos locales mejor valorizados o incluso una mayor autonomía de las explotaciones.
Estos elementos no eliminan las incertidumbres. En cambio, a menudo permiten atravesarlas mejor.
La solidez se construye progresivamente, mediante la acumulación de numerosas decisiones coherentes.
Una visión que va más allá de la parcela
La fertilidad no depende sólo de lo que sucede en un campo. También está vinculada a las relaciones entre los diferentes actores de un territorio: agricultores, colectividades, empresas, establecimientos públicos, asociaciones o ciudadanos que disponen cada uno de una parte de los recursos y competencias.
Cuando estos actores cooperan, crean sistemas más sólidos:
La materia orgánica circula mejor,
Los conocimientos se transmiten,
Las inversiones se comparten,
Las soluciones se están volviendo más sostenibles,
La robustez es también una cuestión de organización colectiva.
Producir recursos en lugar de gestionar residuos
Esta visión lleva a cambiar nuestra mirada. Afirmo que un biorresiduo ya no es solo un desecho. El estiércol ya no es sólo una limitación. Un corte de seto, una cortadora de césped o un residuo de cultivo se convierten en recursos potenciales.
Cuando se los recupera adecuadamente, pueden ayudar a reconstruir la fertilidad del suelo y reducir el transporte, los costos de procesamiento y la pérdida de recursos. Este enfoque contribuye a una economía más circular y más arraigada en las realidades locales.
Un proceso que se inscribe en el tiempo
La construcción de suelos robustos no depende de una solución única. No existe ningún producto milagroso capaz de restaurar la fertilidad de un territorio de manera duradera. La robustez se construye paso a paso.
Es el resultado de un conjunto de prácticas complementarias:
preservar los suelos,
valorizar los recursos locales,
mantener la materia orgánica,
acompañar la vida biológica,
favorecer los intercambios entre los actores,
transmitir los conocimientos técnicos.
Debido a su capacidad para sincronizar mejor los flujos de materia orgánica generados en el suelo y los ritmos de fertilización, el bocashi aeróbico naturalmente encuentra su lugar en este proceso.
No pretende responder a todos los desafíos de la fertilidad, pero sí da una respuesta concreta a una pregunta esencial: ¿cómo transformar rápidamente recursos orgánicos locales en un complemento biológicamente activo, al servicio de los suelos y de los territorios?
Una selección de vocabulario, pero sobre todo un proyecto
Hablar de terroirs robustos es recordar que la fertilidad es una construcción colectiva. Depende tanto de los suelos como de las mujeres y los hombres que los cultivan, observan, mantienen y transmiten.
La robustez no se decreta. Se construye, temporada tras temporada, gracias a prácticas coherentes, cooperaciones duraderas y una mejor valorización de los recursos que cada uno y cada territorio ya dispone.